ANECDOTARIO  DE  JUDO

Por Mtro. Mario H. Villagra – 6to. Dan Judo y Jiu Jitsu

A 43 años de práctica de Judo, desde mis comienzos en el viejo Instituto Romo dirigido por el profesor Luis Alberto Romo, discípulo del Conde Koma, radicado en Brasil y mi posterior ingreso al Instituto Privado de Judo, como alumno de los profesores Raúl Piñero y Edgar Almará, luego la Asociación Cordobesa de Volantes A.C.V. y mi perfeccionamiento en Judo y Defensa Personal, con los maestros japoneses radicados en Buenos Aires, como Hitoshi Nishizaka, Yoriyuki Yamamoto, Hideki Soma, Pedro Fukuma, Hideo Takata Sensei, una de las mas altas graduaciones del Mundo en su visita a Córdoba en los años 60, el maestro húngaro H.Genouth, con quien perfeccione Judo y Jiu Jitsu, con los maestros argentinos Juan Carlos Zanga, Manuel Moreno, Juan Carlos Uequín, Lucio Farías de Mendoza y posteriormente como profesor, con  destacados colegas como Miguel Russo, Raúl Medina, Adolfo Juárez, Huber Pena entre otros.
Por primera vez como maestro en Judo y Jiu Jitsu y haciéndome eco del viejo y conocido epitafio chino que reza... el alumno observa, el profesor enseña y el maestro aprende, es que voy a contar algunas anécdotas vividas en mi recorrido del Do marcial, para con esas experiencias poder seguir aprendiendo, incluso de mis alumnos y por que no de quienes no aprendieron a transitar el Do y no aceptan  los fundamentos del Código del Bushido.
Fueron muchas las anécdotas vividas, pero las que mas me impactaron y perduran latentes en mi memoria .....era un joven competidor en Judo, con el grado de tercer Kiú o cinturón verde y en esa época no solo competíamos, sino que dábamos clases y hacíamos exhibiciones de Judo. Una tarde en que en un Club pobre de un tradicional barrio de la ciudad de Córdoba, juntamente con mi amigo y rival de años, recientemente fallecido Arturo Albacete efectuábamos un  randori en un tatami compuesto por seis colchonetas de estopa y crin vegetal, que se desplazaban permanentemente, en el furor de nuestra juventud y ante la mirada atenta del numeroso público y de hermosas muchachas que veían sorprendidas lo que era el Judo, nos arrojábamos mutuamente con distintos lances, hasta que sin querer y sin mirar, Arturo me proyecta con Seoi Nage casi al borde del tatami, por lo que caería fuera de el, le avise que no arrojara, pero fue tarde, el lance era perfecto y fuerte y para no golpear sobre el duro piso de cemento irregular, estire mi brazo derecho para girar y no caer de espaldas (error de principiante) lo que ocasionó que se me luxara el hombro, con un inaguantable dolor..quede sentado en el suelo y todos se miraban sin articular palabras... que hacemos. En ese momento, desde el público de la primera fila de sillas de metal, se levanta un señor de traje, robusto y con cabellos canosos, a quien conocí de inmediato, era mi antiguo profesor de Gimnasia y Jiu Jitsu  Don Alberto Romo.
Con el respeto que lo caracterizaba, solicitó permiso para subir al tatami, realizo Tachi Rei y entre el dolor y la vista nublada, puedo recordar que me saco el judogui, lo enrollo y lo colocó bajo mi axila, luego tomo mi brazo y ....tras una maniobra, el hombro volvió a su articulación normal. Después de ello, sentí un profundo alivio y miré a mi antiguo profesor con una sonrisa de agradecimiento, a la vez que el público aplaudía a rabiar, la acción que desplegó Don Romo, quien antes de retirarse del tatami nos dijo... muchachos hay que aprender Kuatsu para cuando sean profesores lo apliquen y ayuden a quien lo necesita... no conocíamos Kuatsu. Desde ese día me quedo grabada para siempre la sugerencia recibida  y después lo aprendí de mis maestros japoneses. El profesor  Romo dejó ver sin lugar a dudas, su paso por la escuela de Judo y Jiu Jitsu del legendario Conde Koma. Mas de una vez, en nuestra desafortunada ignorancia, nos preguntábamos entre colegas o alumnos de Don Alberto....... habrá existido el Conde Koma, lejos de saber que Mitsuyo Maeda o el Conde Koma, fue uno de los alumnos dilectos de Jigoro Kano Sensei en Kodokan y uno de los difusores del Judo y el Ju Jutsu de su maestro y a la postre sería quien introdujo el Judo y Jiu Jitsu en Brasil, país éste que fue visitado por el profesor Alberto Romo en sus continuos viajes.
También me quedó grabada, la imagen de mi maestro de Judo y Jiu Jitsu H.Genouth, quien con su rudimentario idioma español, dado que era de origen húngaro, me enseñaba en su hermoso dojo en Buenos Aires, Judo y los fundamentos del antiguo Jiu Jitsu o Ju Jutsu como le llamó el O Sensei Jigoro Kano, y en una ocasión, mientras practicábamos Ude Hisigi Juji Gatame, como Tori le aplique la técnica con precisión como me la enseñó, pero.. por mas que ajustara la palanca de brazo, este se doblaba y Genouth Sensei reía. En un momento, me dijo matte y solté el agarre de inmediato, creyendo que lo había lesionado. Cuan grande fue mi sorpresa, cuando vi luxado su hombro, es decir salido de su articulación, que desesperación me dio, pero sin  muestras de dolor me ordenó, aplique Kuatsu, técnica que también me había enseñado, lo hice con miedo, pero veía que el solo se acomodaba el hombro. Luego de algunos momentos, y con mi frente bañada en transpiración , mas por temor que por el trabajo sobre tatami, esbozando una sonrisa me mostró como se autoluxaba su hombro y lo volvía a colocar en segundos. Tomándome con afecto mi hombro, me dijo... también soy maestro de Yoga y manejo mi cuerpo...pero usted no debe hacerlo,... era realmente un fenómeno, ese día aprendí que si aplicamos Kuatsu, Kappo  o Kyusho, debemos estar convencidos de hacerlo bien, eso lo da la experiencia, la práctica y la convicción.
Son tantos los recuerdos, desde que me preparaba en 1965 para rendir a 1er Dan con Hitoshi Nishizaka sensei, en su dojo de calle Mario Bravo 352 de Capital Federal, donde mas de un fin de semana dormíamos sobre el tatami, por no poder afrontar los gastos de nuestros viajes de aprendizaje desde Córdoba a Buenos Aires. Podría llenar hojas y hojas con anécdotas, algunas buenas , otras no tanto, algunas alegres y otras tristes, pero cierro este pequeño anecdotario con algo que viví con mi gran amigo y colega el Maestro Huber Pena , fundador de la Unión Argentina de Jiu Jitsu y la Unión Internacional de Jiu Jitsu, esta última, dejó como legado a su amigo y discípulo Mtro Mauricio Troncoso de Chile.
                     
Años atrás, organizo un seminario de Jiu Jitsu y Defensa Personal, con el Mtro. Huber Pena como disertante  en la localidad serrana en que resido, Villa del Dique, con el aval de la Confederación Argentina de Judo y su presidente el Mtro Oscar Cassineri – 7mo Dan, quien en una conversación mientras se organizaba el evento me dijo, mas de uno va a quedar con la boca abierta, cuando vean a Huber trabajar sobre el tatami y efectivamente así fue un 28 de diciembre del año 2002, el día del inocente. Estábamos con Huber y algunos de mis alumnos de Judo y Jiu Jitsu esperando en el lugar asignado como dojo y nadie venía. Huber Pena, con su humor, cordialidad y filosofía que lo caracterizaba, me dijo.. Mario no importa que no venga nadie, enseñemos a tus alumnos Jiu Jitsu y aprendamos Jiu Jitsu de ellos..pasados unos minutos, veo que aparece por la puerta del local, el presidente de la C.A.J. y tras de el, los maestros 6tos  Danes Adolfo Juárez y Julio Llanos y cinturones negros y Kius  de Judo, de Karate, Tae Kwondo, personal de las fuerzas policiales especiales E.T.E.R. y algunos danes que se habían retirado del Judo, como el caso de José Irace Cima ( ex Campeón Cordobés y Nacional de Judo y actual Director Técnico de la Selección de Córdoba) y Sergio Rinero (ex Campeón Internacional de Judo, Campeón Cordobés y nacional y actual profesor de Judo en la Escuela de Aviación Militar Córdoba) con sus respectivos gis o atuendos. Que sorpresa y que susto... no lo podía creer.. pero era el día del inocente y pague el derecho de piso. Esa jornada fue excelente, no solo por las técnicas demostradas por el Maestro Pena, que provocaron asombro, sino porque alguien me dijo... Mario como haces un seminario entre Navidad y Año Nuevo... le conteste.. solo a Huber se le puede ocurrir. La respuesta del profesor Carlos Loforte fue.. esto sale del corazón, por eso estamos aquí..... El evento culminó con un almuerzo de camaradería y cena familiar a discreción, durante los dos días que trabajamos sobre el tatami y la enorme satisfacción del reencuentro con viejos amigos y la vuelta al Judo de José pepe Irace. En fin que bien la pasamos y con respecto a nuestro Huber .......era Huber, pero... cuanto nos dejó, cuanto nos enseñó y cuanto lo extrañamos. El maestro Huber Pena, fue un lobo solitario, soportando con estoica resignación su difícil situación económica, familiar y de salud, dado que tenia que viajar permanentemente, pero no por ello dejó de sonreír y transmitir lecciones de vida, consejos sanos y profundos conocimientos tanto de Judo como Jiu Jitsu, lamentablemente no todos valoraron su talento.



LA  NOBLEZA  DE  UN  GRANDE 
                                   Por Mtro ALFREDO EIMAN – 6to.  Dan Judo – 2do Dan Jiu Jitsu

........lo sentí totalmente pegado a mi espalda… llevé mi hombro derecho hacia el tatami, al mismo tiempo que giraba la cabeza a mi izquierda y por una fracción de segundo experimenté la sensación que mis pies estaban en el aire, luego… el estallido. Sentí el IPPON !!!, mire hacia el árbitro y lo vi al Sensei Hitoshi Nishizaka con su brazo derecho levantado, giré la cabeza hacia mi contrincante que estaba totalmente de espalda y miré ese rostro con la sonrisa que nunca perdió, allí estaba la persona a la que yo mas admiraba por su forma de luchar, para mi gusto, el judoka mas técnico que había visto en la Argentina, al mismo tiempo que lo ayudaba a levantarse nos confundimos en un abrazo interminable y me sentí pidiéndole perdón por lo que había hecho, acababa de ganarle a Yoshihiro Matsumura, mi ídolo deportivo.
Ni bien terminó el árbitro de declararme ganador, fui levantado en andas por mis amigos y algunos alumnos que presenciaban ese torneo en la Ciudad de Marcos Juárez, Provincia de Córdoba. Acababa de clasificarme tercero entre los que habían obtenido el primero y segundo puesto de las categorías en disputa. Por aquel entonces corría el año 1966, era un reciente 1º Dan y en ese torneo terminaba de ganarle a varios Danes de categorías superiores en peso y graduación que la que yo ostentaba y entre ellos estaba Matsumura que me había superado con un perfecto de-ashi-barai en la categoría liviano, obteniendo así el primer puesto y quedando yo en segundo lugar. Entre los otros competidores se encontraban Mario Pizatti, Roque Ficara y los pesados Yoshimura y Scafidi quienes salieron primero y segundo respectivamente en ese absoluto.
Mientras era homenajeado y felicitado no dejaba de pasar por mi mente un cúmulo de pensamientos enfrentados, por un lado estaba la alegría de haber coronado una noche excepcional por los triunfos obtenidos, con el hecho de haberle ganado al entonces 3º Dan Matsumura y por el otro, que ese triunfo si bien había sido mediante un impecable lance fue como consecuencia de una distracción de mi contrincante que me había arrojado reiteradas veces con de-ashi-barai y seoi nage, pero que yo, en el aire me daba vuelta cayendo parado o de bruces sobre el tatami y justamente luego de una de esas proyecciones es que al ir levantándome aprovecho que Matsumura se encontraba (como siempre fue su actitud) con los brazos hacia delante para subir ya tomándolo de la parte baja de la solapa izquierda y a su brazo derecho extendido aplicándole un limpio seoi-nage a ese pequeño ser, pero inmenso judoka que tenia enfrente.
Casi 30 años después de ese acontecimiento, en la Ciudad de Resistencia, donde vivo actualmente, me entero que se hacia un torneo Interprovincial de Judo y fui a verlo, en cuanto entré en el local donde se disputaría el torneo me ubica el Presidente de la Federación Chaqueña , el Profesor Fernando Cuchi quien vino a saludarme, luego me dijo que una persona había preguntado si yo iba a estar y cuando le consulto quien fue, me hace un guiño con la vista para que de vuelta la cabeza y lo veo caminar hacia mí como si no hubieran pasado los años, al Sensei Matsumura, nos saludamos efusivamente y tomándome de un brazo me dice “vení conmigo” me lleva donde estaban todos sus alumnos, los que el había traído para competir desde Posadas, Misiones y les dice con su eterna sonrisa dibujada en el rostro “quiero que saluden a Eiman, hace muchos años, el me ganó con Seoi-Nage y obtuvo el premio al judoka mas técnico” … así era Yoshihiro Matsumura, una suave pluma en el tatami, un inmenso corazón fuera de el. Su último grado antes de fallecer hace pocos años era 7mo. Dan.